Comer oro está de moda


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¿Sabías que puedes comer oro? Pues si, antes podríamos pensar que era una simple fantasía o que sólo un millonario lo comería, pero no, la realidad es que ahora esta al alcance de muchos. Desde postres o platillos hasta bebidas con un ingrediente especial, el oro.

Por lo general se usan las hojas de oro, que son láminas muy finas, o también en un  polvo muy delicado. Hay que señalar que el oro puro, de 24 kilates, es más blando que el que se mezcla con otros metales como plata o cobre, más común en joyería, y de 22 ó 18 kilates. En gastronomía, solo puede usarse puro o en aleación con plata, que es también digerible.

De acuerdo a regulaciones europeas, no hay un límite de cuánto oro es seguro ingerir, ya que se trata de un metal inerte sin efectos secundarios que en 24 horas abandona el organismo. La idea de usar el oro es sorprender, hacer que se vea más lujosos un platillo. De hecho, aunque hoy parezca una moda extravagante, el uso de oro en la mesa para la realeza era algo conocido.

Hay una receta italiana del siglo XVI llamada el Risotto d’oro con basilica e parmagiano, ¿se te antoja probarlo?.

En el siglo XV, lo alquimistas pensaban que el oro tenía atributos medicinales y que quienes lo podían costear, podían comer dulces cubiertos de oro, convencidos de que les ayudaba a la salud del corazón. Durante el reinado de la reina Elizabeth, en los banquetes se acostumbraba espolvorear un poco de oro sobre bandejas de frutas. Por su parte, los japoneses han agregado oro comestible a alimentos y al sake desde hace siglos, pero no todos lo sabían.

El proceso para hacer el oro comestible no es tan sencillo como parece. Para hacerlo se empieza con la fundición de las pepitas de oro, que deben tener un mínimo de quilates.

Después de fundirse, se forma un lingote, que más tarde, y mediante su paso por rodillos, se convertirá en una fina lámina. Más tarde, las delgadas láminas se ponen enciman de una superficie plástica. Luego se van colocando una encima de otra hasta tener 1000 láminas y se baten varias veces para disminuir su espesor.

Para terminar, las láminas se cortan, se empaquetan o se trituran hasta convertirse en polvo o copos para su uso en la cocina.

 

Por: Pamela Ruíz

 


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